Cuando aparece un mentor

Aprendí a hacer divisiones estando en primero de primaria. Por aquellos días la escuela era un tormento para mí pues tenía que soportar a una serie de maestras neuróticas, ellas dedicaban más tiempo a controlar el grupo y las pocas energías que les quedaban eran para la enseñanza. Lo poco que entendí en esos días fue a base de coscorrones. En general fue una etapa de poco aprendizaje académico para mí, malas calificaciones y tortura constante.

Justo en esa época tan oscura de mi vida, un cura fue a la casa a visitarnos durante un fin de semana. Sentado en la sala tomó un papel y escribió una división, me preguntó si ya sabía como resolver eso, le contesté que no y en ese momento me enseñó paso a paso el método. Aquel cura nunca me dijo que eso era una división y yo tampoco le pregunté qué era aquello que me había enseñado, así que me quedé con la incógnita.

Un año después, estando en mi nueva escuela, supe que lo que había aprendido con el cura se llamaban divisiones, por lo cual no me fue fácil entender la explicación de mi maestro en segundo de primaria.

Lo que hizo el cura, además de aumentar mi confianza, me permitió ver la importancia de tener un mentor (tuvieron que pasar varios años para que me diera cuenta de ello).

Hoy en día, me dedico a ayudar a personas que están en una situación similar a la que narro en el primer párrafo. Como aquella experiencia, baso mi método en la práctica más que en la teoría. Así que si necesitas ayuda, no dudes en contactarme.

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