¿Espacios mínimos o adecuados?

Algo que nos falla mucho a los arquitectos es el asunto del tamaño, es cierto que existen espacios mínimos reglamentarios, pero que un lugar cumpla con ese requerimiento no significa que sea adecuado.

Me parece que usar el mínimo es un error. Es económico para quien construye, pero sigue siendo un gran error. Por ejemplo, una persona puede caminar en un pasillo de 60 centímetros de ancho, si aquél o aquella es de espalda ancha, va a requerir unos 75 centímetros para desplazarse a lo largo de ese pasillo. Lo malo de medidas tan ajustadas está en que las personas tienen que caminar como si estuvieran en la fila de un rastro e ir avanzando cual vaca que va al matadero.

90 centímetros pueden ser aceptables, pero eso no me garantiza que yo pueda estirarme a mis anchas y tomar una bocanada de aire sin perturbar al de junto. Así es que para mí, un espacio adecuado, tratándose del ejemplo del pasillo, sería de 1.20 metros, pensando en que solamente una persona lo va a recorrer, ya que no quiero que alguien me estorbe si en mi libertad se me antoja estirarme.

Me parece que hoy en día seguimos arrastrando conceptos de economía basados en ideas de la posguerra. Durante el funcionalismo, que surgió como una respuesta a la precariedad de aquellos días, era importante y urgente construir barato, lograr una obra aceptable con la menor cantidad de material posible. En esos casos se entiende la necesidad de trabajar con los mínimos (los cuales eran mayores que los de ahora).

El problema es que eso se convirtió en un gran negocio, en algunos casos moda. Los espacios se fueron reduciendo cada vez más, al punto que las personas se acomodan en sus viviendas como melones en huacal, por supuesto que eso no garantiza bienestar, sino todo lo contrario, como esos molestos golpes en el dedo chiquito del pie o que tengan que desarmar la base de tu cama para meterla a tu recámara, con su respectiva mentada de madre al arquitecto que diseñó el espacio.

Sin duda el tema del tamaño es algo que requiere mucha reflexión, por eso, antes de diseñar hay que preguntarse si ese espacio es adecuado para andar con libertad, creo que vale la pena invertir un poco más de material y esfuerzo para tener espacios agradables y no esos cubos sofocantes en los que nos hemos acostumbrado a vivir.

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